RIEGO ADECUADO

En el cultivo de plantas de interior, su éxito o fracaso depende en gran medida del riego, ya que el exceso o la falta de agua puede serles perjudicial, según las especies.

La frecuencia y la calidad de los riegos dependerán de muchos factores:

-        Primero de las plantas y sus necesidades: una planta en crecimiento necesitará más riegos que en reposo. Asimismo, una planta necesitará más agua durante la floración que durante el período vegetativo. Además las exigencias pueden variar según la especie que se trate.

-        Seguidamente, interviene la temperatura: en un ambiente cálido, las hojas transpiran más y el agua que se evapora sale a la superficie y se seca rápidamente.

-        En último lugar, según su composición retendrá el agua de diferente manera. Un substrato basado en arena, material poroso, se secará antes que una base formada por turba.

Las plantas deben regarse cuando lo necesiten y no a partir de normas fijas establecidas.

Un buen riego exige tener un buen tacto: para saber si las plantas tienen la humedad apropiada, lo mejor es meter el dedo en el substrato y solamente cuando lo saquemos seco deberemos regar.

Como regla general, se aconseja regar abundantemente de vez en cuando, en vez de hacerlo cada día, ya que los riegos frecuentes provocarían la asfixia de las raíces.

Debe siempre regarse con agua a la temperatura ambiente y nunca con agua muy fría.

En cada riego debe quedar el pan de tierra totalmente humedecido. Pero la maceta no debe quedar nunca encharcada sino drenar el agua que se le ha aplicado en exceso. Por ello es aconsejable un buen drenaje en las macetas, puesto que el estancamiento del agua en la tierra provoca falta de aireación y la asfixia  y putrefacción de las raíces.

Por otra parte, cuando las plantas están colocadas sobre platos soporte, hay que evitar la acumulación de agua en el fondo.

Por ello es necesario asegurarse periódicamente que el drenaje de la tierra es bueno; para lograr un buen drenaje se debe colocar en el fondo de la maceta una capa de leca de 3 a 4 cm de espesor, además de utilizar un substrato a base de tierra y resaca.

No es recomendable dejar continuamente la maceta sobre un plato conteniendo agua, ya que ello causará rápidamente la descomposición de la tierra y alteraciones en las raíces.